Lea atentamente los siguientes síntomas:
Síntomas:
- Se ha visto en la necesidad de emplear la frase: “Pregúntale a tu maestro” en más de tres ocasiones.
- Se estresa más que sus hijos cuando tienen que realizar un proyecto de ciencias para su escuela.
- Ha sufrido tal condicionamiento que se pone a temblar cual perro de Pavlov cada que su hijo va a hablar.
- Sin importar cuantas veces les ha quedado mal, tiene la firme convicción de conocer más para poder acompañar a sus hijos en su proceso de conocimiento del mundo.
Si usted se identifica con los síntomas anteriores, felicidades,
lo más probable es que a usted le aqueje el síndrome “padre confundido (pero
curioso)”. No tema, relájese y continúe leyendo.
En este espacio usted podrá encontrar algunas respuestas a
preguntas de niños y niñas, aquellas preguntas que pueden poner en jaque hasta al padre más inteligente.
Todos estamos aquí para aprender, así que bienvenidos sean madres, padres, tías,
tíos, abuelitos, maestros y curiosos en general. Sírvase, querido lector, de conocer nuestro reglamento.
Reglamento del padre confundido (pero curioso):
1. Guarde la calma, ellos huelen el miedo. Nadie lo
sabe todo, simplemente por el hecho de que hay muchísimas cosas que aún no
sabemos con certeza.
2. Rételos continuamente. No se trata de una sola vía, usted también pregúnteles
cosas para que ellos ejerciten su habilidad de análisis (es altamente
recomendado que antes de darles una respuesta, usted les pregunte cómo ellos lo
podrían explicar). Promueva que ellos hagan hipótesis o predicciones para que
después lo puedan comparar con el resultado de una investigación. De tal forma,
el conocimiento ellos lo habrán generado y será más significativo.
3. Póngase
en los zapatos de su hijo. A veces se nos olvida que todos fuimos niños. Trate de
recordar con qué preguntas usted sacaba de quicio a los abuelitos
de sus hijos.
4. Si no
sabe, no invente. No conseguiremos nada con inventar cosas para
salir del paso, esto confundirá más a sus hijos y cuando descubran por su
cuenta la verdad, ya no tendrán la confianza para preguntarle más cosas.
Si no sabe, dígales que juntos lo pueden investigar en libros, internet o
incluso experimentando.
5. Nunca
les niegue el derecho a preguntar. Fomente en sus hijos su cualidad
de asombro (que desafortunadamente tendemos a disminuir a medida en que
crecemos), a partir del asombro se generan preguntas y las preguntas son
el motor de la ciencia, el sello distintivo de nuestra especie.
Hagamos de ese blog un espacio interactivo, les invito a escribir en nuestro
chat (a la derecha de su pantalla) las preguntas que más les inquietan a sus
pequeños.
Nos leeremos próximamente, felices
días preguntones para ustedes.